
Siguiendo las instrucciones del gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, el municipio de Juchitán de Zaragoza inició formalmente el dragado y desazolve del río Las Nutrias —conocido popularmente como río de Los Perros— en una acción que revela la urgencia política por enfrentar las lluvias sin repetir los desastres de años anteriores.
La presencia del presidente municipal Miguel Quetu, del Coordinador del Comité de Cuenca, Tomás Chiñas Santiago, y de representantes de CONAGUA y la Secretaría de Marina, apunta a una interinstitucionalidad que rara vez se visibiliza en procesos locales de rescate ambiental. En este caso, los protocolos técnicos giran en torno a la prevención, la corresponsabilidad ciudadana y la capacidad de respuesta ante la inminente temporada de lluvias.
Pero el simbolismo institucional se sostiene en los datos duros. Se ha previsto el dragado de 40 kilómetros de cauce, con una primera etapa que abarca 21.5 kilómetros desde El Espinal hasta la laguna Superior, cruzando cinco municipios. De ese total, 8.7 kilómetros están bajo la responsabilidad de CONAGUA, mientras que 12.8 kilómetros serán intervenidos por la SEMAR, confirmando una descentralización operativa que trasciende las fronteras políticas entre las dependencias.
El objetivo inmediato es recuperar la sección hidráulica, evitar desbordamientos, reconstruir bordos colapsados y retirar residuos sólidos urbanos. Pero el trasfondo también es responder a una población históricamente golpeada por inundaciones sin dejar la narrativa del abandono estatal, que aún pesa en las memorias colectivas del Istmo.
La segunda vertiente del proyecto propone saneamiento mediante plantas de tratamiento y humedales artificiales, algo que conecta el rescate hidráulico con el ecologismo comunitario.
Convocar a la ciudadanía no es solo gesto democrático: es, en el contexto istmeño, un llamado a romper el ciclo de obras sin arraigo, sin memoria y sin participación. La cuenca del río de Los Perros es el corazón hídrico de una región fracturada por la precariedad, el centralismo y las promesas rotas. Por eso, lo que también se juega aquí es el tipo de gobernanza que quiere consolidarse en el sur de Oaxaca.
Este proyecto —concebido desde 2019 y reactivado en 2025— abre una ventana para observar cómo se articulan los tiempos de la política y los ciclos de la naturaleza.
